Solo el 8% de las personas con movilidad reducida se siente autónomo

¿Qué porcentaje de personas con movilidad reducida se siente autónomo? ¿Y cuáles son las causas? Te lo vamos a explicar todo aquí.
Solo el 8% de las personas con movilidad reducida se considera plenamente autónoma. Así lo refleja el estudio ‘Sumando Voces’, impulsado por la Fundación Mutua de Propietarios en colaboración con COCEMFE.
El informe pone cifras a una realidad que, aunque visible, continúa siendo insuficientemente abordada: la persistencia de barreras arquitectónicas que limitan la accesibilidad y la inclusión.
En España, más de 1,2 millones de personas conviven con una discapacidad que afecta a su movilidad.
Sin embargo, su nivel medio de independencia apenas alcanza un 5,5 sobre 10.
Este dato evidencia que, pese a los avances normativos en materia de accesibilidad universal, todavía queda un amplio margen de mejora.
De hecho, siete de cada diez personas con movilidad reducida se enfrentan cada día a obstáculos físicos que dificultan sus desplazamientos y reducen su autonomía personal.
Barreras arquitectónicas: un freno a la autonomía y al bienestar
Uno de los entornos donde esta problemática se hace más evidente es el propio hogar. El domicilio, que debería ser un espacio seguro y adaptado, se convierte con frecuencia en un escenario lleno de limitaciones.
Según el estudio, únicamente uno de cada cuatro hogares está completamente adaptado a las necesidades de movilidad de sus residentes.
En cambio, el 45% cuenta con reformas parciales y un 29% habita en viviendas poco o nada accesibles.
Esta falta de adaptación en la vivienda habitual no solo afecta a la comodidad, sino que incide directamente en la seguridad y en la independencia.
Escaleras sin rampa, portales sin ascensor o baños sin adaptar son ejemplos de barreras que condicionan tareas tan básicas como salir de casa, asearse o desplazarse entre estancias.
La situación no mejora necesariamente al cruzar la puerta del edificio. Solo el 27% de las personas que viven en comunidades considera que estas están completamente adecuadas a sus necesidades de accesibilidad.
La mayoría, un 43%, opina que la adaptación es parcial, lo que demuestra que todavía existen importantes carencias en accesos, ascensores o zonas comunes.
Impacto en la vida social, familiar y laboral
Las consecuencias de esta falta de accesibilidad trascienden el plano físico. El informe revela que el 79% de las personas con dificultades de movilidad ha tenido que renunciar a planes con amistades debido a la inexistencia de condiciones adecuadas.
En el ámbito familiar, el 74% también ha dejado de asistir a encuentros o celebraciones por los mismos motivos.
La educación y el empleo tampoco quedan al margen. Un 54% ha visto limitadas sus oportunidades en el ámbito académico, mientras que un 49% reconoce haber tenido que renunciar a opciones laborales por la presencia de barreras arquitectónicas.
Estos datos ponen de manifiesto que la accesibilidad no es solo una cuestión estructural, sino también un factor determinante para la igualdad de oportunidades.
Además, el 60% asegura que estos obstáculos influyen negativamente en sus relaciones personales y el 58% afirma que condicionan su tiempo de ocio. La falta de accesibilidad reduce la participación social y genera un aislamiento no deseado que afecta a la salud en general.
Consecuencias emocionales de la falta de accesibilidad
Aunque ocho de cada diez personas con movilidad reducida señalan que se sienten comprendidas en su entorno más cercano, el peso psicológico de las barreras arquitectónicas sigue siendo significativo.
La frustración es el sentimiento más frecuente, con un 32%, seguida de la impotencia (27%), el enfado (14%) y la tristeza (7%).
Estos datos reflejan que la accesibilidad no es únicamente una cuestión técnica o urbanística, sino también emocional.
La percepción de que la sociedad no termina de entender esta problemática es compartida por el 91% de los encuestados.
Solo un 14% declara sentirse motivado para buscar soluciones ante una situación que consideran estructural y persistente.
En este contexto, la accesibilidad universal y la eliminación de barreras arquitectónicas se convierten en elementos clave para promover la autonomía personal, la inclusión social y la igualdad real.
Garantizar entornos accesibles no solo mejora la movilidad, sino que también refuerza la autoestima, la participación y la calidad de vida de millones de personas.
