El mercado de ciberseguros superará los 100.000 millones en 2032

¿A cuánto ascenderá el mercado de los ciberseguros en el horizonte del año 2032? ¿Qué factores lo impulsarán? Contestamos en este post.
La aceleración de la digitalización en el entorno empresarial ha tenido un efecto directo en el incremento de los riesgos asociados a la ciberseguridad.
A medida que las empresas incorporan nuevas tecnologías, migran procesos a la nube y dependen cada vez más de sistemas interconectados, la superficie de ataque se amplía de forma considerable.
Este contexto ha provocado un aumento significativo de los incidentes de ciberseguridad y, como consecuencia, un crecimiento sostenido en la demanda de ciberseguros como herramienta clave de gestión del riesgo digital.
Los datos más recientes del I Barómetro Qaracter 2025 reflejan con claridad esta realidad.
El 96% de las empresas sufrió algún tipo de ataque
Durante 2024, el 96 por ciento de las empresas españolas sufrió algún tipo de ciberataque, una cifra que pone de manifiesto que el riesgo ya no es una posibilidad remota, sino un escenario habitual.
Paralelamente, el mercado global de ciberseguros experimentó un notable crecimiento, pasando de un volumen de 17.813 millones de euros en 2024 a 21.308 millones en 2025.
Las previsiones apuntan a que esta tendencia continuará al alza hasta alcanzar los 102.277 millones de euros en 2032, lo que confirma el papel estratégico que este tipo de seguros está adquiriendo en la economía digital.
Un indicador de madurez
Desde Qaracter se subraya que el ciberseguro ha dejado de ser una cobertura meramente reactiva, orientada únicamente a mitigar las consecuencias económicas de un incidente, para convertirse en un verdadero indicador de madurez en ciberseguridad.
Contar con una póliza ya no implica solo transferir parte del riesgo, sino también evaluar de forma objetiva la exposición real de la empresa, reforzar los controles internos y mejorar la capacidad de respuesta ante incidentes.
En este sentido, el proceso de contratación de este seguro obliga a revisar políticas, procedimientos y medidas técnicas, lo que contribuye a elevar el nivel global de protección.
La adopción del ciberseguro, sin embargo, no es homogénea en el tejido empresarial. Existe una clara diferencia en función del tamaño de la organización.
Aproximadamente el 75 por ciento de las grandes empresas ya dispone de una póliza de ciberseguridad, mientras que en el caso de las pymes el porcentaje se sitúa en torno al 25 por ciento.
Aun así, los expertos señalan que esta brecha comienza a reducirse progresivamente, impulsada por el aumento de los ataques dirigidos a pequeñas y medianas empresas y por una mayor concienciación sobre las consecuencias económicas y reputacionales de un incidente grave.
Más allá de la digitalización, el verdadero reto para las empresas es avanzar hacia un modelo de resiliencia digital.
No se trata únicamente de adoptar tecnología, sino de ser capaces de resistir, responder y recuperarse ante un ciberataque con el menor impacto posible.
Sectores como el financiero, el tecnológico o el de las telecomunicaciones llevan tiempo integrando el ciberseguro dentro de su estrategia global de resiliencia, combinándolo con planes de continuidad de negocio, simulacros de crisis y equipos especializados en respuesta a incidentes.
En otros ámbitos, como la energía o la industria manufacturera, la adopción del ciberseguro se acelera a medida que aumenta la dependencia de sistemas críticos y entornos industriales conectados.
Un entorno que exigirá el ciberseguro
El horizonte de 2026 marca un punto de inflexión en este ámbito. La resiliencia digital dejará de ser una iniciativa voluntaria para convertirse en un estándar operativo exigido por el entorno regulatorio.
Normativas como DORA y NIS2 impondrán requisitos más estrictos en materia de gestión del riesgo tecnológico, continuidad operativa y protección frente a ciberamenazas.
Este marco normativo tendrá un impacto directo tanto en las empresas como en el mercado asegurador.
Las aseguradoras, por su parte, endurecerán las condiciones de contratación de los ciberseguros, exigiendo mayores niveles de control y preparación.
Al mismo tiempo, premiarán a aquellas organizaciones que demuestren una sólida capacidad de prevención, respuesta y recuperación ante incidentes.
En este escenario, el ciberseguro se consolida como una herramienta esencial para transferir el riesgo residual, es decir, aquel que no puede eliminarse por completo mediante medidas técnicas u organizativas.
En definitiva, el crecimiento del ciberseguro es el reflejo de un cambio profundo en la forma en que las empresas entienden la ciberseguridad.
Ya no se trata solo de proteger sistemas, sino de garantizar la continuidad del negocio en un entorno digital cada vez más complejo y hostil.
Integrar el ciberseguro dentro de una estrategia de resiliencia digital sólida se perfila como un paso imprescindible para afrontar con garantías los desafíos presentes y futuros de la economía digital.
