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Los recursos de los hogares españoles alcanzan los 1,53 billones de euros

¿Cómo se distribuyen los recursos, el consumo y el ahorro de los hogares en España según la edad, el género y el papel del Estado y la familia? En las próximas líneas, lo vas a descubrir.

El volumen total de recursos de los hogares alcanzó los 1,53 billones de euros, una cifra que equivale al 111 % del Producto Interior Bruto (PIB). 

Cada persona gestionó, de media, 32.391 euros anuales, procedentes de diversas fuentes como el trabajo, el capital, las prestaciones públicas y el acceso a servicios públicos.

Cerca de dos tercios de los ingresos provienen de las rentas del trabajo, que suman 959.001 millones de euros. 

El resto, algo más de un tercio, tiene su origen en las prestaciones públicas, ya sean transferencias monetarias directas o servicios en especie. 

En cuanto al destino de estos recursos, el 44 % se dedica al consumo privado, mientras que el 23 % corresponde al consumo público, especialmente en  sanidad y educación.

 Además, un 26 % se destina al pago de impuestos y cotizaciones sociales, y el 7 % restante se traduce en ahorro.

Cómo se distribuyen los recursos por edad

Los ingresos de la infancia y la juventud, hasta los 29 años, suponen el 21,6 % del total de recursos, lo que equivale a 330.983 millones de euros, reflejando una clara situación de dependencia económica.

En cambio, entre los 30 y los 54 años se sitúa el núcleo principal de la actividad económica. Este tramo de edad reúne a la mayoría de la población activa, con una alta capacidad para generar ingresos y contribuir al sistema. 

En total, moviliza 606.852 millones de euros y concentra la mayor parte de las rentas del trabajo. 

Además, soporta más de la mitad de la recaudación por impuestos y cotizaciones sociales, lo que lo convierte en el principal sostén del sistema de bienestar.

A partir de los 55 años, el patrón económico cambia. Este grupo, que ya representa el 34 % de la población, gestiona 592.719 millones de euros en recursos. 

Gran parte de estos ingresos procede de prestaciones públicas, especialmente pensiones, que alcanzan los 183.070 millones de euros. 

Aunque también contribuyen con 138.173 millones en impuestos y cotizaciones, destacan por concentrar el 68 % del ahorro total de los hogares. 

Este comportamiento pone de manifiesto el papel del sistema de bienestar como mecanismo de redistribución intergeneracional.

El papel clave de la familia en la redistribución

Las transferencias internas dentro de los hogares ascienden a 130.000 millones de euros anuales. 

Estas transferencias fluyen principalmente desde los adultos y las personas mayores hacia los más jóvenes, ayudando a cubrir sus necesidades hasta que logran estabilidad laboral.

De esta cantidad, 103.000 millones proceden del grupo de entre 30 y 54 años, mientras que cerca de 27.000 millones tienen su origen en personas mayores de 55 años. 

Este dato evidencia que la familia actúa como un complemento esencial al sistema público, reforzando la cohesión económica entre generaciones.

Diferencias de género en ingresos y ahorro

Los hombres concentran mayores rentas del trabajo, con 462.461 millones de euros, frente a los 326.686 millones registrados por las mujeres. 

Esta brecha también se refleja en el ahorro, donde los hombres alcanzan los 73.277 millones, mientras que las mujeres se sitúan en 34.897 millones. 

Estas diferencias tienen un impacto directo en la autonomía económica, especialmente en edades avanzadas.

Evolución del consumo a lo largo de la vida

De media, el gasto por persona se mantiene estable hasta los 50 años, pero aumenta a partir de esa edad. 

El consumo privado medio anual se sitúa en 12.088 euros por persona, aunque en el grupo de mayores de 55 años asciende a 13.511 euros.

Este incremento se explica, en gran medida, por el aumento del gasto sanitario y por el peso de la vivienda. 

Además, los hábitos de consumo cambian con el tiempo. En las primeras etapas de la vida predominan los gastos en educación y formación. Durante la edad adulta, el gasto se centra en vivienda, transporte y crianza. En cambio, en edades más avanzadas cobran mayor relevancia los servicios sanitarios, los cuidados personales y las actividades relacionadas con el bienestar.

Todos estos cambios no solo afectan a la economía doméstica, sino que también influyen en el desarrollo de nuevos mercados, como la economía sénior, cada vez más relevante en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la longevidad.

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